
Llegué a la estación que me indicaste, sali a la superficie, luego de preguntarle a un guardia por la salida norte, y esperé que llegaras a buscarme. Vi dos jovenes conversando con un vagabundo, sentados en el borde de la pileta, que luego se alejaron, dejandolo con una lata de cerveza entre las manos.
Apareciste, caminando y hablando con tu amigo en mi dirección. Lo primero que note fue que habias adelagazado mucho desde aquella vez que te visite en tu casa. Pero ya habían pasado casí nueve meses desde esa visita un tanto (o muy) incómoda para tu novia.
Caminé yo también y nos saludamos, un casí abrazo y un beso en la mejilla (aunque no estoy segura de la existencia de este último). Me gustó tu pieza, las paredes con las fotos de todos esos filosofos que solo podían reconocer a primera vista tus compañeros y aquel mural creado por ella y por ti. Lo miré tanto, pensando que era muy bello todo lo que ella te escribía y dibujaba, creyendo que ustedes dos se querían mucho aún.
Estar ahí, acostada junto a tí como si no hubiera pasado un solo día desde que eramos compañeros y conversabamos como si nos conocieramos desde siempre, significó para mí volver a sentir esa felicidad tranquila que había perdido al terminar con él.
Te abrace porque quería agradecer tus palabras. Tienes mucha razón, toda mi vida he autoimpuesto límites a mis acciones, queriendo parecer pefecta ante los demás. Es estúpido hacerlo, lo sé. Es como si, a través de la admiración que pueda provocar mi perfección en los demás fuera a obtener el amor que busco. Puede ser porque nunca me quise, algo me hizo odiarme desde muy pequeña, y mi quietud era confundida con disciplina y rectitud por los adultos. Pero eso ya no debería importarme, estoy dejando ese odio atras.
Es sorprendente que estemos unidos de esta manera tú y yo, pero me encanta que así sea. Siento que me conoces más que cualquier persona, incluso no podría asegurar que él (recurrente ejemplo que quizá te irrita cuando lo nombro) lo haya hecho al nível que tú demostraste conocerme esa tarde.
Nunca imagine que podría ocurrir lo que ocurrió después... estaba tan perdida entre amores perdidos, frustrados, no correspondidos... y tú me ayudaste a volver a mi misma.
Siempre recordaré aquel viaje, especialmente esa noche, cuyo recuerdo asalta mis pensamientos y me hace querer volver a verte.
Después de comprobar que es imposible amar sin dañar con ello solo puedo ofrecerte un cúmulo de incertidumbres y mi temor, mis ganas de huir de cualquier relación que signifique comprometerme a algo que quizá no pueda cumplir luego.
no estoy segura de quererte como pareja, ante todo eres mi amigo y no quiero perderte nunca.
Te admiro, te respeto y te quiero. Luego de lo que pasó entre nosotros me he dado cuenta de estabas ahí desde hace tanto tiempo y yo no quería verte...
